Saqué el vestido azul de una bolsa.La percha se había roto en el traslado.Con el espejo todavía contra el suelome lo puse siguiendo las costuras.Mateo apareció por el reflejocon un vaso de agua para mí.Miró el papel colgando de mi pechoy leyó en voz baja cómo debía lavarme.Dame la vuelta, despacio, dame la vuelta.Quédate cerca, que me río al respirar.Le di la espalda y levanté los brazos.Él dejó el vaso fuera de mi alcance.La tela se quedó prendida en mi pendiente;tuvo que acercar la cara para verlo.Yo miraba su boca en el espejo.Él seguía ocupado con el cierre.Cuando quedó libre la tela del oído,le puse las dos manos en la nuca.Lucía llamó desde la cocina.Preguntaba dónde guardábamos los platos.Mateo contestó mirando al techo;yo tenía su camisa entre los dedos.Dame la vuelta, despacio, dame la vuelta.Quédate cerca, que me río al respirar.Me dijo que también le hacía faltaun rato para estar en esta casa.Le saqué la tarjeta de las flores;el borde se le había puesto húmedo.Cogí las tijeras que prestó el vecino.Él me apartó del hombro una hebra azul.Corté la etiqueta muy cerca de sus dedosy dejé que la guardara en su bolsillo.